Copa Davis, formato fallido – Hugo Durán

La Copa Davis es una de las competiciones más longevas de la historia del tenis. Su continuidad en el tiempo nunca fue casual, y es que la afición, local o visitante, ha tenido siempre un papel diferencial en su desarrollo. El “formato Piqué”, en el que puede verse un Corea del Sur-Canadá en Valencia y un Kazajistán-Holanda en Glasgow, compromete seriamente el futuro de una Davis que está, de seguir así, en inexorables vías de extinción.

Este melón no está abierto del todo en España, porque el equipo español de Copa Davis no ha jugado fuera de territorio nacional desde el cambio de formato en 2019. Lo hicieron en la Caja Mágica en 2019, en el Madrid Arena en 2021, y en Valencia y Málaga en 2022. Pequeños favores de Piqué, que, cuando dejen de poderse hacer, probablemente en 2023, harán que el melón no solo se abra, sino que explote sin dejar títere con cabeza a su paso. Básicamente, lo que viene pasando en todos los países que no son España desde 2019.

Pedirle a Piqué que reconozca los gigantes errores que hay en su gestión es como pedirle a Nadal que dé el revés a una mano. No pasará. Pero no hay más que ver las rectificaciones que se han visto obligados a hacer él y Kosmos (su empresa) en solo tres años de existencia. Y las han hecho para subsistir. El primer año empezaron jugándolo todo en Madrid (fase de grupos y fases eliminatorias), en una semana. El segundo año, lo jugaron en una semana, pero en tres sedes. En el tercero, han fulminado su mayor bandera, la de que “los grandes jugadores no juegan la Davis porque ocupa varias semanas del año y es mejor hacerlo todo en una”.

De repente, la Copa Davis es un absoluto caos, en el que parten la competición para jugar la fase de grupos en septiembre en cuatro ciudades, y la fase final en noviembre en otra ciudad distinta. A grandes rasgos: saben que todas las federaciones, aficionados y tenistas quieren una Davis con su público, como siempre, pero reconocerlo se cargaría su proyecto, por lo que amplían sus sedes dando pequeños pasos que, más que complacer a los molestos, insatisface aún más a quienes van dándose cuenta de la triste e inaudita degradación de la Copa Davis.

En la memoria, aquellas eliminatorias en La Cartuja de Sevilla con decenas de miles de aficionados vibrando en los fines de semana con auténticos partidazos a cinco sets entre los mejores tenistas del mundo. El recuerdo de lo que fuimos y el recordatorio de lo que nunca más seremos, por otra institución deportiva más que vendió su esencia al mejor postor.

Imagen de Bryan R. Smith (AFP)

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