Texto: Yaiza Hernán-Gómez y Rodri Martínez

El pasado fin de semana, el estadio José Zorrilla no solo acogió las Series Mundiales de SVNS. Durante tres días, se convirtió en un lugar donde los rivales se hacen amigos, donde las camisetas de distintos países y clubes se mezclan en una misma grada y donde miles de personas comparten esas ganas de disfrutar y celebrar lo que es el rugby.

Todo comenzó el viernes. Los primeros asientos se iban ocupando lentamente por los pocos aficionados que harían acto de presencia. Al haber sido día laborable, muchos de los fans que durante el fin de semana invadirán el José Zorrilla aún no pueden atender a su cita con el rugby. También se hizo notar el calor, pues los más de 30 grados de máxima picaron en la piel de aficionados y jugadores. La búsqueda de agua y sombra pasaron a ser las prioridades de los espectadores, y la crema de sol un elemento imprescindible.

Sobre el césped, la emoción ardía casi como el sol. No solo por la rivalidad en sí, si no por el debut en las series de las grandes selecciones del mundo.

Pumas, All Blacks, Springboks, Wallabies… los grandes nombres saltaban el viernes al césped del Zorrilla por primera vez en el fin de semana. Ambos combinados australianos ganaron sus partidos y Nueva Zelanda hizo lo propio también en ambas categorías. Canadá, representada únicamente por su selección femenina, venció con solvencia sus dos encuentros, siendo uno de ellos el partido contra Las Leonas.

Los equipos españoles tuvieron un debut amargo. La selección femenina debutó con derrota ante Canadá y en su segundo enfrentamiento del día cayó ante Francia. Los chicos se estrenaron ante Estados Unidos y lograron sacar una apretada victoria, pero corrieron la misma suerte que el combinado femenino al enfrentarse a Francia.

Sin embargo el viernes dejó una cosa clara: la afición iba a rugir con los Leones y Leonas. Pese al reducido número de espectadores, toda la afición presente animaba a pleno pulmón a la selección española. En cada choque, carrera y ensayo se alzaban las voces de unos espectadores que, con más compañía en los días siguientes, se dejarían la voz por la selección.

El sábado, con las gradas cada vez más llenas y los alrededores repletos de gente paseando por sus calles, se podía sentir que el rugby había traído un pedacito del mundo a Castilla. No solo había madrileños, vascos o gallegos. También se veían camisetas argentinas, banderas sudafricanas, hinchables de canguros llegados desde la grada australiana y, cómo no, el inolvidable “Let’s go Kenya, let’s go”, que acabó siendo coreado por todo el estadio.

La Fan Zone volvió a ser uno de esos lugares donde siempre acabas encontrándote con alguien. Había retos de habilidad, hinchables, juegos para todas las edades y espacios donde cualquiera podía coger un balón y animarse a dar unos pases. A su alrededor sonaban conciertos, DJs, orquestas y charangas y, entre canción y canción, no era raro ver cómo se improvisaba una touch entre amigos. Porque si algo tiene una fiesta de rugby es que, tarde o temprano, alguien acaba sacando un balón.

Mientras tanto, sobre el césped, los mejores jugadores y jugadoras del mundo buscaban hacerse hueco en las fases finales. El sábado fue un día de grandes sorpresas. Alemania endosó 54 puntos a Uruguay, los chicos de Fiji aplastaron a Nueva Zelanda y Australia masculina le ganó a Sudáfrica en lo que sería una final anticipada.

Los combinados españoles afrontaron dos partidos cada uno con rivales de alta talla. Las Leonas se impusieron a Gran Bretaña con solvencia –asegurando su presencia en el grupo oro el próximo año– y los chicos ganaron a Fiji, pero la segunda tanda haría que tanto femenino como masculino perdieran contra Nueva Zelanda y Sudáfrica respectivamente.

El ambiente se sentía cercano y familiar. Niños y niñas esperando una foto con sus referentes, jugadores internacionales retirados como si nunca hubieran sido ellos los que estaban sobre el césped, veteranos que aprovechaban la ocasión para reencontrarse, clubes que acababan de terminar la temporada y que ya encontraban una nueva excusa para volver a reunirse y antiguos compañeros de equipo presentando a los nuevos amigos. Y, como manda la tradición aprendida en el tercer tiempo, alguna que otra cerveza. Porque si algo caracteriza a este deporte es que nunca se vive solo.

El punto fuerte del fin de semana llegó el domingo, con los partidos decisivos y el ambiente propio de las grandes ocasiones. Sin embargo, una de las imágenes más bonitas llegó cuando ya había terminado la competición para las selecciones españolas. Tanto Los Leones como Las Leonas dieron una vuelta al estadio para agradecer el apoyo recibido. Lo que parecía un simple saludo acabó convirtiéndose en un paseo que duró casi más que el propio partido. Se detenían con cada persona, sin dejar a nadie atrás, para abrazar, charlar, fotografiarse, firmar autógrafos y devolver con cariño todo lo que habían recibido desde la grada durante el fin de semana.

Australia terminó levantando el oro en ambas categorías. Las Wallaroos se impusieron a Estados Unidos en la primera final del domingo con un José Zorrilla más centrado en disfrutar que en animar. Eran pocas las personas aficionadas de ambos países, pero esas pocas voces alentaron desde la grada para que su selección se mantuviera en pie. El resultado final fue un feroz 27-14.

La final masculina enfrentaba a Australia y Sudáfrica. A diferencia de la final femenina, las gradas estaban muy encendidas gracias a un gran grupo de sudafricanos y a la selección femenina de Australia convertida en grada ultra, que desde los asientos empujaban tanto como los jugadores en el campo. Además, los aficionados kenianos animaban también a los Springboks con bailes y cánticos que, como ya es costumbre, acabaron siendo multitudinarios. El partido fue tenso y se acabó cerrando con una polémica decisión del árbitro en contra de Sudáfrica.

Australia regresará a casa con el recuerdo de un histórico doblete. Las clasificaciones guardarán para siempre quién ganó, quién perdió y quién ocupó cada puesto. El precedente organizativo tendrá también relevancia en la candidatura de España para hospedar el Mundial de XV en 2035. Pero, cuando pasen los años, muchos de los que estuvieron en Valladolid aquel fin de semana probablemente recordarán –con permiso del deporte– todo lo demás.

Nuestro nuevo late night show deportivo, presentado por Álvaro García

Descubre más desde Revista Chapman

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo